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Ilustración de Paloma Hidalgo para ENTC |
Post mortem
El forense inicia la autopsia practicando una incisión perfecta en forma de T. Comienza de hombro izquierdo a derecho bajo las clavículas y sobre el manubrio del esternón. Después desciende perpendicularmente hacia abajo, esquivando el ombligo, hasta alcanzar el pubis.
Realizada la incisión, procede al examen del cadáver.
Comprueba que una cantidad inusual de agua se aloja en las entrañas del hombre. Agua de lluvia. En el riñón se encuentran piedras de granizo de un tamaño considerable. La práctica totalidad de los órganos han sido desplazados por una fuerza desconocida, que bien pudiera ser un viento huracanado. En los pulmones aún se aprecian restos de tramontana y mistral.
La conclusión definitiva la arroja el examen del corazón, partido en dos mitades, cuya simetría y exactitud desafían la lógica científica. Analizada la laceración, el facultativo concluye, que lo partió un rayo.
Concluido el informe, éste es archivado siguiendo los cauces administrativos habituales.
Ahora, sesenta años después, este informe adquiere gran valor en el ámbito científico, y viene a aclarar algunas cuestiones hasta ahora controvertidas.
Como por ejemplo, en qué momento se inició el cambio climático.
O por qué los huracanes más devastadores tienen siempre nombre de mujer.