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viernes, 23 de agosto de 2013

En Agosto seguimos intentándolo con los abogados

A ver si es verdad que el que la sigue la consigue.......

Os dejo mi micro sobre abogados cuyas palabras obligatorias son: Comité, Prórroga, Oprobio; Medusa y Cuaderno.

No he podido evitarlo. Quizá estoy un poco apocalíptica pero parece que el fin del mundo me persigue...


El diluvio

Cuaderno de bitácora del Arca Nueva Esperanza: 28 de julio de 2032. Seguimos surcando las aguas. El futuro es incierto. Una mera prórroga de este presente monótono en el que parejas de todas las especies huimos de un fin del mundo anunciado. Ignoro qué cualidades vieron en mí los miembros del Comité de Salvación para elegirme como representante de mi género. Pero aquí estoy, junto a ella.
El cielo sigue oscuro. Miles de medusas luminiscentes dibujan surcos en este mar infinito. Quisiera tener valor para saltar y huir de nuestros destinos encadenados. No soporto la idea de tocarla. Ayer amenazó con dar cuenta del oprobio al Comité.  Sé que acabaré desterrado en el viejo mundo, donde sólo hay agua y muerte.
Una cosa es segura. La odio. Peluqueros, periodistas, profesores, banqueros y políticos se reproducirán sin problemas. Mientras, por mi culpa, los abogados están condenados a una irremediable extinción.
 

jueves, 22 de agosto de 2013

APOCALIPSIS

¡Cómo se me atragantaron este mes los bichos que inspiraban los micros de Esta Noche te Cuento en Agosto!

El repelús lo he combatido con el ruido de la lavadora..............



APOCALIPSIS

Amanecí con la noticia en el telediario de que hoy se acabaría el mundo. Así que, por si acaso, he pasado todo el día preparándome. Sólo por si acaso.

He puesto la lavadora. Indudablemente la colada ya no puede esperar a mañana. He pagado  facturas. He llamado a la residencia. Me apetecía oír la voz de mamá por última vez. Finalmente, he avisado a mi jefe de que no iría a trabajar. Aprovechando, le he dicho todo lo que pensaba de él. Esto último, me ha sentado particularmente bien.

Mientras estaba sentada en el sofá, ha comenzado. Desde el ventanal del salón he visto oscurecerse el cielo. Una plaga de langostas lo ha cubierto todo. Avanzan lenta e inexorablemente, arrasando la ciudad a  su paso.

Están a  apenas doscientos metros.

Cierro los ojos.

Lo único que escucho es el frenético latir de  mi corazón, acompañado del centrifugado de la lavadora.

viernes, 9 de agosto de 2013

Y en Julio en ENTC...



El tema era Preferiría no hacerlo, inspirado en Bartleby, el escribiente de Melville.

El tema era muy abierto pero me han premiado con una mención especial que me ha sentado a las mil maravillas.

A los que no la hayáis conocido en ENTC, tengo el placer de presentaros  a La novia cadáver, un putrefacto personaje que nace de mi visita a la casa del terror en Disneyland.

Gracias al jurado y a Juan Morán por la estupenda labor llevada a cabo. Los tres ganadores son excepcionales, podéis visitarlos en el siguiente enlace

http://estanochetecuento.blogspot.com.es/2013/08/los-resultados-de-julio.HTML

Ahí va el texto:

La Novia Cadáver.

Asomaba al mundo de los vivos para pasearme por cementerios y lúgubres alamedas. Creía perseguir el amor, pero mis conquistas tan sólo acertaban a despertar mi ira y mi sed de venganza.

Resultaba químicamente irresistible para aquellos que navegaban por submundos de fetidez. Basureros, forenses, enterradores. Todos ellos caían, irremediablemente, bajo el hechizo de mi fétido hálito, fascinados por mi nauseabunda trampa mortal. Culminaba el cortejo con un beso letal que me devolvía a mi mundo de ultratumba sola, insatisfecha. Profundamente infeliz.

Hasta que llegó él. El taxidermista. Lo descubrí una noche de luna en un bulevar olvidado. Subyugado por mi podredumbre, no pudo reprimir el deseo de reconstruirme. Me ofreció la inmortalidad. Su rostro pálido me suplicaba y supe que mi búsqueda había terminado. Decidí seguirlo.

El resplandor de la luna dibujó mi imagen en sus pupilas. Y me vi como él me veía. Ajada. Descompuesta. Necrótica. Me retiré sobresaltada, inundada por la abrumadora realidad de mi putrefacción. Estiró su mano, rozando mis huesudas falanges, atrayéndome hacia él.

Preferiría no hacerlo”, mentí antes de huir.

Aquella noche, los gusanos y larvas que descansaban en mis cuencas orbitales perecieron ahogados por un torrente de lágrimas.


Ignoraba que aún pudiera llorar.